Protagonistas de la Calle

 PROTAGONISTAS DE LA CALLE 

Algunas de las personas a las que tengo un cariño muy especial y con las que comparto un rato de charla (y algún que otro café) una vez por semana son:

S (Colón)

S es sin duda alguien muy especial. Al menos lo es para mí. Vive con un grupo de gente en el teatro Fernán Gómez y, si no supieras que ese es su particular hogar, jamás pensarías que es una persona sin hogar.

Por lo visto sus compañeros lo llaman “el marqués”. No sé si marqués, pero lo que sí sé es que es y parece un pedazo de señor. Claro, con sus cosas, como todo el mundo.

S prefiere taparse con su manta y hacerse el dormido cuando no está de humor para hablar con nadie. Es su código para decir “por favor, hoy no me preguntes, no intentes arrancarme una sonrisa que no tengo”. Supongo que mejor así, porque cuando no está encerrado en su manta, es una delicia pasar tiempo con él. Es educado, inteligente y muy divertido. Alguien de quien sin duda habría sido amiga si la vida nos hubiera cruzado de una manera distinta y por quien siento un gran cariño.

Hace poco, justo comentando lo importantes que se han vuelto todos para mí, comentábamos eso, si en realidad puedo decir que somos amigos o cómo definir la relación que nos une. Porque no es caridad, en absoluto. No sé si hacen ellos más por mí que yo por ellos. Y por supuesto nos une un gran cariño. Amistad? Puede. Lo que sé se que para mí S es alguien importante, con nombre y apellidos, con su historia, sus chistes y sus preocupaciones. Que cuando está enfermo me preocupo y cuando está de buen humor hace que me sonría el corazón.

No dejo de preguntarme cómo terminó aquí. Es muy reservado y yo nunca pregunto. Dicen que se casó en segundas nupcias con alguien que ya tenía hijos. Que tuvieron una niñita que murió al año de nacer. Sea lo que sea que S lleva en su mochila invisible, hay mucho dolor contenido. Lo dicen sus ojos melancólicos, que hablan de un pasado del que prefiere no hablar.

 

 J (Colón)

J es una caja de sorpresas. Un chico joven con aspecto delicado, unos ojazos verdes y una sonrisa preciosa. Siempre está de buen humor, se ríe de todo y de todos, empezando por sí mismo.

A J le gusta jugar al ajedrez y le encanta leer. Siempre nos está pidiendo libros para leer, los devora.

También vive en el Teatro Fernán Gómez, desde que llegó a Madrid, hará un par de años. Vivía en Barcelona y un día unos chicos le regalaron un billete de tren a Madrid. Una sola dirección… y por qué no. Se subió al tren y en Madrid está desde entonces.

Hace años trabajó de varias cosas, en almacén como “torero” y algunos otros trabajos. No sé si sigue buscando trabajo o si ha decidido vivir en la calle. Es tan “espíritu libre”, tan bohemio, tan hippie, que me cuesta imaginarlo sometido a una rutina y a una vida convencional.

Solemos decir que es un placer terminar las rutas en el teatro, porque este grupito da super “buen rollo”.

Son toda una lección. Cómo se puede sonreír y estar siempre de buen humor a pesar de todas las cosas que les ocurren?

No hace mucho, los servicios de limpieza del ayuntamiento les tiraron sin avisar todas las maletas y todas sus pertenencias que tenían guardadas. Todo lo que tenían, tirado. Llegaron un jueves por la noche a dormir y se encontraron sin cartones, sin sacos de dormir, sin lo poco que tenían.

Nos cuentan que los fines de semana pasan grupos de jóvenes borrachos y les insultan desde la puerta del teatro. Qué valientes… Como si este grupo de gente estuviera durmiendo en la calle por placer. Su día a día está lleno de amenazas y de incertidumbres. Vuelven a dormir sin saber lo que se van a encontrar, los servicios de limpieza a veces los despiertan a las 4.30am para “regar”. En un lugar de baldosas? En fin…

Últimamente se rumorea que los van a desalojar de allí. Una pena que en lugar de combatir y facilitar la vida a quienes están en esta situación el ayuntamiento se limite a trasladarlos de lugar. Como si el problema fuera a desaparecer por moverlo de un lado a otro.

 CK (Colón)

CK es de las personas más sonrientes que he encontrado en la calle. Muy amigo de J, siempre está riendo, contando algún chiste, con su perfecto español con acento extranjero.

No sé cuánto tiempo llevará en la calle pero no quiere continuar así mucho más. Su sueño es encontrar un trabajo, ahorrar y poder volver a su país.

Hace unos meses perdió (le robaron?) el pasaporte pero, gracias a la ayuda de un voluntario, tiene de nuevo pasaporte y está procesando todos sus papeles para poder buscar trabajo.

El primer paso ya lo has dado, CK, esperemos que el resto se dé bien y pronto no te veamos más por el teatro.

 

 

 

 MF (Colón)

MF es un señor alemán que solía dormir en el teatro Fernán Gómez pero tuvo un desencuentro con alguien que ya no está y se marchó a otro sitio cerca de Colón. A pesar del tiempo que lleva en España, apenas habla español. Como mi alemán es más bien precario, nuestra comunicación es por señas, entre risas.

A veces, cuando salgo a mediodía de la oficina o por las tardes, me encuentro a MF por la calle. Un gran contraste, mezclando mi vida de día y la de noche. Cuando me ve vestida de traje apenas me reconoce. Y es que he conseguido adaptarme tan bien que a veces me han preguntado si yo también vivo en la calle… lo cual demuestra una vez más que cualquiera somos susceptibles de ser personas sin hogar y que el límite de quién es y quién no no siempre es tan fácil de distinguir.

MF pasó una temporada solo y sin mantas. En los cartones donde dormía había un olor insoportable, no por causa de MF sino por algunos graciosos que decidían ir a orinar en sus cartones. Ya podían dedicarse a jugar a las canicas porque nuestro pobre amigo no sólo tenía que pasar la noche muerto de frío sino con un olor a letrina que tiraba para atrás a metros.

En un par de ocasiones le llevamos mantas. Ni sé cuántas veces se las habrán robado. Qué vida complicada la de la calle. Si vas con tus cosas a cuestas permanentemente, eres evidentemente de la calle, lo cual te convierte automáticamente en un paria social. Si las escondes y quieres pasar más desapercibido, te expones a que te las roben y tener que dormir muerto de frío.

 A (Colón)

A lleva varios años en la calle, pero por su aspecto físico nadie lo diría. Cuida hasta el máximo detalle su apariencia, su barba, su ropa… Por cómo habla parece alguien que llegó a tener un cargo destacado en una empresa. Entiende de finanzas, de contabilidad, de herramientas de trabajo de oficina… Por lo visto viajó mucho a distintos países por trabajo.

Según cuenta, tuvo una depresión y no fue capaz de salir de la espiral en la que entró. Se abandonó, cortó toda relación social, salió del piso en el que vivía e incluso dejó de pagar el móvil hasta que se lo cortaron.

A pesar de ser extremadamente educado con nosotros, hay un fondo de tristeza en sus palabras y en su mirada. Como si algo le hubiera sido arrebatado injustamente y estuviera resentido con el mundo en general. No puedo evitar preguntarme qué carácter tenía antes de su depresión, si era algo “cascarrabias” o si era de carácter suave.

Hoy día tiene opiniones fuertes sobre determinados temas controvertidos, lo que hace que sea igualmente querido y no querido por los demás.

A conoce a la perfección el “circuito” de la gente sin hogar. Comida en la Corredera, ducha en tal sitio, ordenadores en Martínez Campos, roperos… Nunca ha mencionado que busque trabajo, aunque se lamenta de los males generales del país. No quiere estar en albergues porque “dejan entrar a cualquiera”.

Con el tiempo, se ha convertido en portavoz de un grupo cada vez más grande de gente que duerme en el teatro Fernán Gómez., por quienes se preocupa y a quienes mantiene unidos.

 H (Colón)

H es alguien a quien recuerdo con gran cariño. Hace semanas que no lo veo, dicen que se fue a vivir con unas monjas. Me alegro por él, espero que esté bien y que haya encontrado el trabajo que tanto buscaba.

H es canario, casado y con dos hijos. Trabajaba de camarero y terminó en la calle, separado de su mujer, a quien todavía quería con locura, y de sus hijos, a los que veía de vez en cuando.

Siempre impecablemente vestido, siempre sonriente, siempre tan cariñoso, era un placer entrar en el pasadizo del teatro Fernán Gómez para poder darle un fuerte abrazo.

Se emocionaba cuando hablaba de su mujer y sus hijos y le horrorizaba la idea de que éstos se dieran cuenta de que vivía en la calle.

Nada me haría más ilusión que un día entrar en un bar y encontrarme a H trabajando de camarero y que me cuente que volvió con su mujer y que pudo reenganchar con su vida.

 AF (Colón)

AF es uno de los casos que más nos ha puesto en movimiento a todos los voluntarios. Hace que queramos ser útiles, que sintamos que se puede hacer algo y que todavía podemos cambiarle la vida si nos damos prisa.

Hasta hace unos meses trabajaba como vigilante de seguridad en Guadalajara. Cuando dejó de trabajar pensó que no le resultaría tan difícil encontrar un nuevo trabajo en el mismo sector, pero se equivocó.

Conocí a AF en su primera semana en la calle: desconcertado, fuera de lugar, supongo que como estaríamos cualquiera si mañana no tuviéramos donde dormir.

Semana tras semana AF nos cuenta que vive pegado al teléfono móvil, pero que nunca suena. Que manda su CV pero que nadie le entrevista. Se presenta, va de un sitio a otro, pregunta, averigua, pero nada.

Nosotros le ayudamos a hacer un CV, también lo mandamos a infojobs, a ofertas de trabajo, pero no hay suerte.

Hace un par de meses le pregunté si no había pedido el REMI, el subsidio mínimo de subsistencia para quienes no tienen otros medios económicos. “No”, me dice, “sería como tirar la toalla y reconocer que voy a estar siempre así”. En cierto modo tiene razón, no podemos quitarle las ganas de luchar. Pero es que las cosas están tan complicadas.

Intento explicarle que quizás tenga sentido pedirlo y si luego encuentra un trabajo, renunciar al subsidio. “Pero es que tarda por lo menos tres meses y si en tres meses sigo estando en la calle, yo no sé qué voy a hacer. No puedo aguantar tanto tiempo así”. Famosas palabras, menos mal que no las grabé ni les puse fecha. Han pasado más de tres meses y AF sigue durmiendo entre cartones en el túnel de Colón.

Seguimos esperando el milagro, que un día no lo encontremos allí, que un día nos cuente que se entrevistó y que le dieron el trabajo. Pero hay tantas historias anónimas como la suya en la calle, que quizás haya sido otro “af” quien haya conseguido el trabajo.

Ánimo AF, te admiramos por tu energía y tu valor. Ojalá tengas la recompensa que te mereces.

NOTA: varios meses después de escribir el texto de AF, por fin encontró un trabajo como vigilante. De un día para otro tuvo alojamiento y trabajo. Uno de los pocos casos en los que hemos visto gente salir del círculo de la calle. Enhorabuena AF, ojalá veamos a muchos más como tú.

C (Colón)

El Capital C, o el Comandante, como nos gusta llamarle, es todo un personaje. Colombiano hasta la médula y gran bebedor, suele aparecer a altas horas de la madrugada en el pasadizo de Colón, después de haberse tomado sus 5 litros diarios de vino.

Dice que fue guerrillero en Colombia, que un día Dios decidió castigarle porque ha matado a mucha gente. “Niña, yo he matado, he visto mucha gente morir” “Mira mis manos, tienen sangre”. Sin duda unas manazas y probablemente cierto que hayan tenido sangre más de una vez.

C es a la vez desconcertante y entrañable. Casi como un animal salvaje. Si te acercas a él con una sonrisa y candidez, siempre te responde con un inmenso cariño. Como si pudiera oler o sentir el miedo, yo me siento muy tranquila con él porque sé que sabe que siento mucho cariño por él.

Según cuenta lo perdió todo en Colombia. No tiene familia, no tiene amigos, no tiene un lugar al que regresar. Por eso bebe, dice. Por eso nada le importa, dice. Como un kamikaze, le gusta presumir de violento, me gustaría pensar que mucho más de lo que en realidad es.

“Alguien me llamó sudaca y tuve que partirle la cara”. “A mí ese no se me acerca porque le hago un trabajo y lo liquido de dos tiros”.

Dice que tiene muchos muertos en su conciencia. Y yo no sé qué creer. Si así es, entonces me da mucha tristeza toda esa gente con la que acabó; y C también, cuya conciencia le persigue allá donde vaya.

 

 JOAO (Cibeles)

El caso de Joao probablemente sea de los que más tristeza me dan. Joao es un chico portugués, de una edad indefinible, que duerme en el subterrâneo de Cibeles, un lugar de lo menos acogedor.

Lo conocí poco antes de Navidades y me conmovió su mirada, entre serena y perdida, esa manera pausada de hablar y la suavidad con que se toma la vida. Desde hace años Joao es drogadicto. Fuma crack (creo, o algo así en papel de aluminio).

Dice que se droga por aburrimiento, por no tener nada que hacer, para dejar que pase el tiempo, para olvidar. Ni siquiera sabe si le apetece, si le gusta, simplemente quiere evadirse.

Solía trabajar de teleoperador y en ocasiones nos habla de una vida anterior en la que tenía casa y coche y donde las drogas no eran su día a día.

“Y qué haces durante el día?”, le pregunto alguna vez. “Pues me levanto temprano, doy una vuelta, voy a X, pillo, me pongo y así paso gran parte del día”. La calle está matando a Joao, o lo que queda de él.

Siempre nos reconoce, nos sonríe y se alegra mucho de vernos. Agradece tanto que alguien tenga un gesto cariñoso. Está acostumbrado a ser tratado de cualquier manera, lo cual supongo que acentúa sus ganas de evadirse.

Varias veces nos ha prometido que va a intentar no “ponerse”, pero cada semana que vuelvo está con el papel de aluminio y el canutillo de metal. “Unos días sí y otros no”, dice. Pues será que siempre me toca ir en los que sí…

No puedo juzgar, no puedo opinar. Ni siquiera sé qué haría o cómo sería en su situación. Lo que sí sé es que la vida de Joao se está perdiendo entre drogas y pasadizos subterráneos. Estoy segura de que en algún lugar de Portugal tiene família, que alguien se preguntará por él. También estoy segura de que Joao un día tuvo sueños y aspiraciones, que se imaginó un futuro muy distinto a su presente sin futuro y me pregunto en qué punto cruzamos todos esa línea de no retorno…

NOTA: Escribí la historia de Joao en febrero. Pocos meses después hizo un gran esfuerzo y entró en un programa de desintoxicación. “Hola Paula, ya hace dos semanas que estoy limpio. Sigo con el programa de la metadona”. “Joao, no sabes lo orgullosos que estamos de ti. Sigue así, eres un valiente”. Así, semana tras semana.

Hasta que en una visita nos conto que iba a desaparecer una temporada. Al parecer había sido condenado por algún delito (robo quizás?) que cometió en sus malos momentos y justo ahora que estaba empezando a conseguir lo que parecia imposible, le tocó pagar por lo que fuera que hizo.

Hace algún tiempo que no sé de él y no dejo de preguntarme cómo estará, si su fuerza de voluntad sigue intacta.

Joao ha sido una gran fuente de inspiración y de ganas de salir a la calle incluso cuando es tarde y hace frío. Nos solía recibir con una inmensa sonrisa, incluso cuando estaba dormido y lo despertábamos. Y nos decía “No olvidéis que nosotros también existimos” (refiriéndose a que, a veces, cuando la ruta se hace larga y es la 1am, de Colón ya no vamos a Cibeles…). Claro que existes, Joao, y además, eres alguien muy importante para nosotros.

R (Colón), Historias de amor en la calle…

R es mayor, desde luego mayor para vivir en la calle, o quizás fue la calle la que le hizo parecer así de mayor.

Bajo su aspecto frágil, tímido y huidizo esconde um gran sentido del humor y un inmenso corazón que, desde hace tiempo, pertenece a C, alguien de edad indefinible, consumidora habitual de drogas y en constante movimiento. A temporadas vive en Colón y a temporadas desaparece.

Lo impresionante es ver cómo se le ilumina la cara a R cuando habla de C y cómo sus ojitos sufren cuando hace tiempo que no sabe de Ella. Definitivamente hay grandes historias de amor en la calle también.

 

ML

ML es canadiense pero hace más de 20 años que salió de su país. Supongo que tuvo algún problema y se marchó sin más. Dejó atrás su familia y todo lo que tenía. Jamás volvió ni pensó en hacerlo. Me pregunto qué puede pasarte para que quieras cortar con todo de golpe.

ML es alguien extremadamente inteligente y divertido. Es muy irónico y le encanta contar chistes. Duerme en el parque de la Villa de París y se ha construido lo que él llama su chalet de dos plantas. Con varios pallets y un somier, sin duda tiene la “casa” mejor del parque.

En noviembre-diciembre ML nos anunció que se iría a vivir a un piso compartido. Dicho y hecho, fue por la época en que murió Salvador. Se despidió, como siempre, entre chistes y risas. Nos deseó buena suerte y una Feliz Navidad.

Nosotros también te deseamos, ML, que estés muy bien en tu piso.

 

FX

FX vive en el Parque de la Villa de París. Duerme entre cartones y le encanta el café. Puede tomarse 5 seguidos si le dejas… Y, claro, el chocolate. Una chocolatina tras otra.

FX es, según los papeles que nos enseña de su asistente social y del psiquiatra, algo retrasado. Los papeles dicen que presenta un ligero retraso, además de episodios aislados de violencia (puñetazos), ludopatía y algo de alcoholismo. Es analfabeto y le gusta contar y repetir las mismas historias constantemente y pedir que le lean todos los papeles que lleva encima.

Cuenta que está disputando una herencia con su hermano, que vive en Suiza. Es un tema que le hace perder los nervios, así que normalmente intentamos cambiar suavemente la conversación…

No quiere ir a albergues, no parece entender bien cómo funciona, cómo ir. Tiene verdaderas dificultades para procesar información y seguir instrucciones. Sólo pregunta por el “albergue del Padre Enrique”, que por lo visto está cerrado este año. Se niega a ir a ningún otro lugar.

Por fin un día nos cuenta que va a ingresar en un albergue. Ya era hora, FX tiene más de 60 años, es barrendero jubilado y está operado de la cadera, además de los otros problemas que presenta. Se despide muy contento. Nosotros también nos alegramos y le deseamos lo mejor.

 

SALVADOR

A Salvador, el de la Plaza de la Villa de París, lo conocí muy poco, casi siempre a través de los cartones.  No hablaba ni salía.

Dicen que no siempre fue así, pero que se fue apagando. Que dejó de luchar, que se abandonó. Decidió dejar de salir, dejar de comer, dejar de comunicarse. Sus compañeros del parque le tenían mucho cariño y sintieron muchísimo su muerte. También todos los voluntarios, especialmente los que más lo conocían.

Durante unos días después de su muerte apareció una corona de flores en el sitio donde solía dormir. Ya no quedaban ni sus cartones, pero sí esta corona con un mensaje “tu hermana y tus sobrinos no te olvidan”.

Nos contaron que su hermana llegó en un avión el día del entierro y se marchó en el siguiente vuelo. Dio la corona a las voluntarias que estaban allí despidiendo lo que quedaba de Salvador.

Salva, nunca te llegué a conocer bien pero he aprendido a conocerte a través de los comentarios de tus amigos.

 

JAIRO

Jairovski o algo así es eslovaco. No habla español ni ninguna lengua romance. Es de la ciudad vecina a Bratislava. Hace dibujos, retratos… Trabajó de camarero en Venecia, luego fue a Valencia y, cuando lo conocí en agosto, llevaba 4 semanas en Madrid. No encuentra trabajo, va con una maleta y varias mochilas y le han robado el móvil.

Muere de ganas de hablar y se ve la frustración en su mirada, el no poder comunicarse, cada vez que toma aire y lo vuelve a soltar sin decir palabra, como diciendo, “para qué”. Pero, después de un rato, se puede comunicar con él y se puede entender. Estaba tan encantado de haber tenido a alguien para hablar un rato… aunque fuera por señas y 4 palabras en alemán y ruso.

DAVID

David, un chico sevillano joven cuya única pertenencia es una moto. Quiere estudiar FP ocupacional y, mientras organiza sus papeles, no tiene donde dormir y duerme en la calle, con el casco puesto. Quiere trabajar de noche para poder estudiar de día. Ojalá se le cumplan sus sueños y encuentre su trabajo sin que pierda esa inocencia que tiene.

Dejé de ver a David una temporada, porque no volví a pasar por la parte de Cibeles, aunque no me olvidé de él. El día antes de Nochebuena lo volví a ver, ya no tenía casco ni moto, y dormía en el césped, arriba en Cibeles porque “en el túnel hay muy mal rollo”.  La moto se la quemaron en noviembre mientras dormía, todo lo que queda de ella es una mancha negra en los jardines de Cibeles.

GUILLERMO

A Guillermo, sólo lo vi una vez, en septiembre del 2008, pero no se me olvida. Era un señor que se había hecho una casita perfecta con cartones. Cuando llegamos salió de su casita descalzo porque era “adicto al café”. Hacía mes y medio había perdido su trabajo, vivía en la sierra sur de Madrid pero no podía mantener su casa. Estaba en Madrid ciudad arreglando los papeles de la pensión para poder volver a su casa.

Llevaba poco tiempo en la calle y se notaba que no estaba habituado. Había desconcierto en sus ojos y quizás algo de timidez o vergüenza, como si todo fuera un error y él no debiera estar ahí. Pero lo estaba aunque no por mucho tiempo. Sonaba tan coherente, tan organizado… ojalá le salieran bien las cosas.

 

JOAN (Colón)

MARINA (Colón)

GINO (Colón)

 MANUEL (Colón)

MIGUEL (Salesas, chino)

 ÁNGEL (Salesas)

 IVÁN (Parque Villa de París)

AVELINO Y MARISA (Parque Villa de París)

 CÉSAR (ruta Quevedo)

 MANÉ e IVANA (Quevedo)

 

 

 

 

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